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“Las aulas siguen abiertas”, por la licenciada Elisa Lemos

Vino la pandemia del COVID-19 y todos tuvimos que quedarnos en casa. Muchas actividades quedaron suspendidas, entre ellas, las clases en todos los niveles y modalidades del sistema educativo. Sin embargo, las aulas siguen abiertas; ahora, en modalidades no presenciales.

La educación a distancia mostró ser una llave para abrir las puertas de las aulas: desde sus versiones más recientes como el e-learning, exponente de la educación virtual hasta sus versiones más lejanas en el tiempo como libros, manuales, cuadernillos impresos, el teléfono y el correo postal y electrónico.

Y la Universidad Nacional de Los Comechingones,  abierta a todas aquellas personas que asuman con responsabilidad y empeño su voluntad de integrarse a estudios de nivel universitario, comprometida con:

– Brindar opciones y oportunidades para formar ciudadanos participativos que promuevan la justicia, los derechos humanos, el desarrollo sostenible, la democracia y la paz;

– El desarrollo de sus funciones fundamentales y altos niveles de exigencia ética y rigor intelectual y científico, con autonomía y plena responsabilidad,

– Ofrecer señales que les atestigüen que son capaces de aprender y conseguir un buen desempeño, (PEI UNCL: 75, 56, 95) asume estos compromisos en la hora crítica que viven el país y la Humanidad en su conjunto.

Desde esta posición y con base en normas que rigen el Nivel de Educación Superior y en políticas del Gobierno Nacional para el Sector, la UNLC inicia una acción decidida para sostener las actividades académicas en modalidad virtual y ofrecer a las y los estudiantes e ingresantes la posibilidad continuar cursando o de iniciar el ciclo universitario. De esa manera, responde a expectativas y acompaña proyectos y sueños de aquellas personas que buscan formarse como ciudadanos participativos y responsables en diferentes campos profesionales.

La UNLC acompaña también a sus docentes en esta experiencia con capacitación específica que los ayude a construir propuestas viables para una docencia en línea inesperada.

De las clases presenciales a la modalidad virtual

De pronto hubo que pensar la clase no desde el encuentro físico de profesores y estudiantes y de estudiantes entre sí en un lugar conocido, familiar, donde las miradas y los gestos comunicaban tanto o más que las palabras dichas. Un mundo de tradiciones se volvió, de pronto, ausente y hubo que reemplazarlo.

Una nueva manera de comunicar a través de la palabra escrita, de la imagen, en un tiempo diferido viene a reemplazar a la clase tradicional. Los temores más generalizados ponen en duda su potencial formativo pero, sobre todo, su capacidad para ver y mirar al otro, para invitarlo, para expresar empatía y sensibilidad frete a dificultades y problemas.

Con estas dudas y fortalezas, las profesoras y profesores transitamos una etapa tan inesperada como insospechadamente plena de oportunidades para el aprendizaje, el crecimiento y la reflexión sobre la tarea y los estilos de enseñanza, sobre las maneras de vincularnos con las y los estudiantes. Se trata de un tiempo de acción – experimentación – reflexión y vuelta a la acción que no nos va a dejar en el mismo lugar en que comenzamos.

No se trata de mutar de la enseñanza presencial a una enseñanza en línea sino de adaptarnos a las circunstancias y ofrecer lo mejor que tenemos.

Se trata de descubrimientos y de revisitas a anteriores y exitosas prácticas que nos lleven a: nuevas maneras de pensar y mirar al otro a pesar de la falta del encuentro cara a cara, haciendo foco en el feedback diferido y constante; en hacer el objeto de aprendizaje accesible a todas y a todos; explorando y probando un nuevo formato donde intervienen diferentes recursos y canales, que amplían y enriquecen las ecologías de aprendizaje de estudiantes y de docentes.

En estas búsquedas, un desafío se presenta renovado: el qué enseñar tiene que revisarse en su selección, organización y secuenciación. Desde estas revisiones también volvemos sobre la dimensión metodológica y buscamos alternativas para la apropiación del objeto de aprendizaje ya no en clave de transmisión sino a través de actividades que permitan una búsqueda crítica y responsable de información, tanto como la reconstrucción y elaboración creativa de esa información en espacios individuales y colaborativos de aprendizaje.

Como consecuencia, una nueva mirada sobre la evaluación se hace necesaria. Profundizamos la concepción de la evaluación como un proceso continuo, renovando técnicas e instrumentos, repensando nuestro lugar y nuestra relación con el estudiante durante este proceso y aprovechando las herramientas que para esto ofrece el mundo web. Este replanteo, asimismo, está atravesado por la consideración de la dimensión ética de la evaluación.

Estamos transitando una experiencia donde se articulan todas las dimensiones del aula virtual: informativa, práctica, comunicativa, tutorial y evaluativa.

En función de ello, creamos aulas virtuales; elaboramos mensajes de bienvenida para las y los estudiantes, armamos calendarios de actividades, ofrecemos diferentes maneras de acceder a los temas y estudiarlos; utilizamos algunos encuentros sincrónicos; elaboramos guías de estudio y de actividades; empleamos diferentes canales de comunicación como chats, foros, grupos en redes sociales, correo electrónico. Buscamos al estudiante allí donde está. Pero no nos olvidamos de quienes tienen dificultades de conexión o no han logrado aún una alfabetización digital básica o presentan alguna otra limitación en relación con el mundo virtual. Para ellas y ellos, también generamos soluciones posibles: comunicaciones telefónicas, envío de archivos imprimibles, adecuar horarios para consultas sincrónicas, promover la formación de grupos de estudiantes que puedan ayudarse.

En todos los casos, nos proponemos diseñar actividades significativas, desafiantes y posibles de realizar, que inviten a las y a los estudiantes a reflexionar sobre qué y cómo están aprendiendo, que las y los ayuden a reconocer cómo sus capacidades y hábitos en el mundo virtual pueden ser utilizados con fines de aprendizaje y formación. En todo momento, nos proponemos que las opciones sean prácticas y accesibles, que las actividades sean creativas y su realización culmine con la elaboración de alguna producción por parte del estudiante, que su realización promueva la colaboración, que sean situadas y que las y los estudiantes conozcan el contexto de realización de la actividad.

Como profesores, aceptamos este desafío trabajando para sostener nuestro compromiso con la institución y con las y los estudiantes, para hacer más sostenible este tiempo que nos toca vivir y que todas y todos salgamos fortalecidos. Repensar nuestro rol es fundamental en esta hora, tanto como nuestras experiencias –aciertos y desaciertos- Repensarnos como miembros de un equipo que enfrenta la crisis y que, seguramente, está aprendiendo muchas lecciones: qué queremos hacer de nuestra profesión docente, cómo queremos practicarla, hacia dónde nos orientaremos cuando se restablezca la presencialidad.

Una herramienta para repensarnos y repensar lo que estamos haciendo es documentar.

Documentar no es registrar hechos sino mostrar procesos. No es un oficio, sino una actitud ante la vida: una mentalidad antes que una técnica. La documentación que nos interesa es la que hace visibles los procesos de aprendizaje y, en consecuencia, reclama de quien la practica hacerse preguntas sobre qué destacar, cómo mostrarlo y dónde hacerlo. Las tres cuestiones involucran una comprensión profunda de lo que hicimos y hacía dónde nos dirigimos. Documentar entonces no es un ejercicio retrospectivo sino prospectivo… La documentación no sólo hace visible el aprendizaje, sino que lo hace compartido. (Lafuente et al: “El arte de documentar”).

Por todo lo que hemos expresado, las aulas siguen abiertas.

Vamos a cerrar este documento invitando a reflexionar a partir de una frase de Vilém Flusser, citado por Carlos Larrosa en El profesor artesano (Noveduc, 2020: 109).

Tenemos dos manos, que son, además, asimétricas. Abrazamos el mundo desde dos lados opuestos y por ello, el mundo es perceptible, comprensible, palpable…

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